Por Martín Vicente Lozano.
Vivimos tiempos de polarización tecnológica en educación. Ante la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) generativa, parecen existir solo dos trincheras: la que la demoniza como el fin del pensamiento crítico y la autenticidad, y la que la ensalza como la panacea que sustituirá la labor docente. Sin embargo, en el mundo real, lejos de los extremos, la vida suele abrirse paso en un terreno mucho más fértil: el del equilibrio y el pragmatismo.
No es la primera vez que nos enfrentamos a este vértigo. Mi propia trayectoria me ha enseñado que la historia, aunque no se repite, rima...
La lección del tablero de diseño: Cuando la informática no mató la creatividad
Hace unos años, mi vocación era el arte y el diseño gráfico. Me ilusionaba el trabajo manual, la precisión sobre el tablero, la artesanía de los papeles, las tijeras, las tintas y los pinceles. Estudiaba en una época en la que la informática empezaba a asomar su nariz con fuerza en los estudios creativos.
Recuerdo perfectamente la mezcla de recelo y asombro en mi periodo de formación, en la Facultad de Bellas Artes. Observaba a mis compañeros que empezaban a dominar programas como Photoshop, Freehand, Corel Draw o Illustrator. Con una fracción del esfuerzo físico y dedicando diez veces menos tiempo del que yo invertía en mis trabajos puramente manuales, conseguían resultados finales idénticos, a veces superiores, y excelentes calificaciones.
Ante esa realidad, el pragmatismo se impuso. No tuve más remedio que reciclarme hacia el diseño digital. Y aquí está la gran lección: el mundo del diseño no se hundió. Simplemente, evolucionó. Hoy en día, nadie concibe un diseño profesional sin estas herramientas. El creador que era artista antes del ordenador, lo siguió siendo después; la herramienta no le robó el talento, sino que multiplicó sus posibilidades técnicas. Se estableció un equilibrio: la máquina hacía el trabajo sucio y repetitivo, y el humano ponía la idea, el concepto y la dirección de arte.
Incluso hoy, cuando pinto por puro placer y me siento artista, mantengo ese equilibrio. Creo mis obras de forma artesanal, con pinturas y pinceles, pero no dudo en utilizar Photoshop para la fase de bocetaje, composición o pruebas de color. Es mi "asistente" de estudio. No interviene en la obra final, pero facilita enormemente el camino hacia ella.
El aula como escenario de convivencia: La IA como co-guionista
Ahora, en mi faceta educativa, como maestro de Educación Primaria, aplico esa misma filosofía. Los extremismos y fundamentalismos nos impiden ver las oportunidades que tenemos delante. No hay por qué demonizar la IA, ni por qué pretender que lo haga todo. Se trata de integrarla con criterio.
Precisamente, tengo actualmente dos proyectos en marcha que ilustran muy bien esta convivencia, y que os resumo a continuación:
1. Sixevencianos: La IA al servicio de un fin pedagógico noble.
Este proyecto nació con un objetivo claro: fomentar la lectura en mis alumnos de 3º de primaria, en las postrimerías del curso 2025-2026. Sabía que el fenómeno de "Six Seven" era un gancho emocional poderoso para ellos. Así que creé una historia semanal que incluía personajes que ellos conocían bien: su propia mascota de clase, elementos de sus vidas y la mía, etc. La respuesta fue espectacular. Incluso en las vacaciones de verano, sin ser ya oficialmente mis alumnos, los niños han tenido ganas de leer cada nuevo capítulo, y así me lo han hecho saber algunas familias.
Aquí es donde entra la IA. Yo actúo como el director de cine. Tengo la idea, sé qué quiero contar, qué valores pedagógicos quiero transmitir y qué resortes emocionales tocar en mis alumnos. Planteo la estructura y los puntos clave de la trama. Y entonces, la IA interviene como un co-guionista muy rápido. Me ayuda a rellenar el borrador inicial, a tirar de ciertos hilos narrativos.
Pero el proceso no acaba ahí. Es un error pensar que el resultado de la IA es el final. Podría serlo, pero nunca lo es en mi caso. Yo doy un repaso exhaustivo al borrador. Corrijo el estilo, reescribo párrafos enteros, añado matices, personalizo el humor o el drama, cuando los hay, y me aseguro de que la voz pedagógica sea la mía. Lo mismo ocurre con las imágenes de apoyo: la IA me ayuda a generarlas, pero luego utilizo Photoshop para retocarlas y ajustarlas a lo que espero de ellas y quiero transmitir.
El resultado es un trabajo que, además de personal, parece natural, no artificial. El porcentaje de intervención de la IA puede ser importante, pero la autoría intelectual, el alma de la historia y el criterio siguen siendo míos. Y lo más importante: he conseguido motivar a los niños a que lean y se diviertan a un tiempo, con una temática que les resulta atractiva. El fin, en este caso, ha justificado plenamente los medios tecnológicos empleados.
Incluyo aquí el enlace a la página con el índice de capítulos, donde, además de poder acceder a una página con la explicación detallada del proyecto, podéis comprobar que estoy creando en paralelo una versión en inglés de esta historia. Soy maestro bilíngüe, habilitado en Lengua Inglesa por la Comunidad de Madrid, y tengo intención de usar también este recurso, para fomentar la lectura en dicha lengua. Aquí tenéis el link:
https://sixseven-sixsevencianos.blogspot.com/p/s7-indice-de-capitulos.html
2. Romances para aprender: El valor de la artesanía pura.
En el polo opuesto, tengo mi proyecto de Romances para aprender. Aquí, el planteamiento es totalmente diferente. Compongo los versos con la métrica del romance tradicional, gestiono el blog y construyo todo el contenido de forma puramente personal y artística, y así va a seguir siendo. No interviene ni intervendrá la IA en absoluto.
¿Por qué? Porque el objetivo es otro. En este caso, el valor reside en la artesanía de la palabra, en la métrica, en la conexión directa entre mi pensamiento y el verso.
Esta es la clave del equilibrio. Estoy aprendiendo a utilizar la IA para agilizar y enriquecer proyectos que requieren una producción constante y un gancho visual alto, como Sixevencianos. Pero también sé crear sin ella cuando el propósito es la expresión artística pura.
Añado aquí también el enlace a la página con el índice y presentación de mi proyecto Romances para Aprender:
https://romancesparaaprender.blogspot.com/p/indice-y-presentacion.html
Conclusión: Un camino por recorrer, con humildad y pragmatismo.
La IA en educación tiene un juego inmenso y hay todavía muchísimo que aprender. Yo mismo me considero un aprendiz constante en este campo, por mucho "fundamentalismo" que haya en contra de esto. El futuro no está en rechazarla por miedo, ni en entregarle las riendas del proceso educativo.
El futuro está en la actitud pragmática y equilibrada del docente. En usar la herramienta cuando sirve para mejorar un objetivo pedagógico (como el amor por la lectura), y en prescindir de ella cuando la esencia de la enseñanza requiere una conexión puramente humana o un proceso artesanal. No se trata de ser extremistas, sino de intentar actuar con inteligencia, adaptándonos al momento que nos ha tocado vivir.
Saludos para todos.



























