domingo, 3 de mayo de 2026

Tecnología en el aula: útil cuando suma, problema cuando sustituye

Alumnos en pantalla digital

Vivimos un momento en el que la tecnología ha entrado de lleno en las aulas. Tablets, pizarras digitales, plataformas educativas, aplicaciones, inteligencia artificial… Todo avanza muy rápido y, en muchas ocasiones, parece que un aula moderna tiene que estar necesariamente llena de pantallas.

Sin embargo, creo que cada vez más docentes compartimos una sensación parecida: la tecnología puede ser una herramienta fantástica… pero también puede convertirse en un problema si acaba sustituyendo cosas que ya funcionaban bien.

Y ahí está, probablemente, la clave de todo esto. La cuestión no es usar tecnología o no usarla. La cuestión es para qué la utilizamos y si realmente aporta algo al aprendizaje. 

Cuando la tecnología sí ayuda

Utilizada con sentido, la tecnología tiene muchísimas ventajas. Puede ayudar a motivar, facilitar explicaciones visuales, adaptar actividades a distintos ritmos o acceder a recursos que hace unos años eran impensables dentro del aula.

Además, bien utilizada, también puede fomentar la creatividad y permitir que los alumnos participen de una manera más activa. Hay aplicaciones realmente útiles y herramientas que facilitan mucho el trabajo tanto del alumnado como del profesorado.

Sería absurdo negar todo eso.

Yo mismo utilizo recursos digitales en el día a día, y reconozco que, en determinados momentos, ayudan muchísimo. Sobre todo cuando simplifican tareas, hacen más visual un contenido o permiten trabajar de una forma más dinámica.

El problema aparece cuando sustituye

La dificultad empieza cuando la tecnología deja de ser una herramienta y pasa a convertirse en el centro de todo.

A veces da la sensación de que algunas actividades se digitalizan simplemente porque “queda más moderno”, aunque en realidad no mejoren el aprendizaje. Y ahí conviene hacerse una pregunta importante: si quitamos la pantalla, ¿la actividad seguiría teniendo sentido?

Porque no todo mejora por aparecer en una tablet.

Hay cosas que siguen funcionando muy bien de manera sencilla: leer en papel, escribir a mano, conversar, manipular materiales o explicar algo mirando directamente a los alumnos. Y eso no debería perderse por la idea de que todo tiene que ser digital.

Precisamente, el problema añadido es que estamos tan acostumbrados a depender cada día de la tecnología, que cuando de repente nos quedamos sin conexión a internet o nos falla la conexión a la pantalla digital, nos quedamos bloqueados y a veces nos cuesta reaccionar si no tenemos una serie de recursos alternativos...

La importancia del docente

Hay una frase que se escucha bastante y que creo que resume bien esta situación: la tecnología por sí sola no mejora la educación.

Lo que realmente marca la diferencia sigue siendo el docente: cómo plantea las actividades, cómo acompaña al alumnado, cómo explica o cómo genera interés por aprender.

Una buena clase sigue siendo buena aunque no haya pantallas. Y una mala clase no mejora automáticamente por añadir dispositivos.

La tecnología puede sumar muchísimo, sí, pero necesita criterio pedagógico detrás.

Como señalaba Francesco Tonucci, la escuela no debería obsesionarse con parecer moderna, sino con responder de verdad a las necesidades de los niños.

Buscar equilibrio también aquí

Como siempre les digo a las familias de mis alumnos, y les he repetido en mi última reunión trimestral, probablemente el camino no esté ni en rechazar toda tecnología ni en convertirla en el centro absoluto de la enseñanza. Y esto es igualmente aplicable al uso y a los tiempos que puedan dedicar los niños a la tecnología en sus hogares.

Al igual que ocurre con tantas cosas en educación, el equilibrio vuelve a ser importante.

En clase, es esencial aprovechar lo que realmente aporta, utilizarlo con sentido y, al mismo tiempo, no olvidar que aprender sigue teniendo mucho que ver con escuchar, hablar, leer, pensar, compartir y convivir.

Porque al final, detrás de cualquier pantalla, sigue habiendo algo mucho más importante: las personas.

miércoles, 29 de abril de 2026

Lo que de verdad deja huella en un alumno

Con el paso del tiempo, si uno se para a pensar en su propia experiencia como alumno, hay algo que suele repetirse: cuesta recordar muchos contenidos concretos, pero es muy fácil recordar cómo te hizo sentir un profesor.

No solemos acordarnos de una explicación de matemáticas o de un ejercicio de lengua, pero sí de aquel profesor que te escuchaba, que confiaba en ti o que, en un momento determinado, te hizo sentir capaz. Y esto, que puede parecer algo secundario, en realidad no lo es en absoluto.

A veces, en el día a día del aula, con el ritmo que llevamos, es fácil centrarse en terminar el temario, en que las actividades salgan adelante, en que todo “funcione”. Pero en medio de todo eso hay algo que está pasando constantemente, aunque no siempre seamos conscientes: estamos dejando huella.

Mucho más que contenidos

La escuela, por supuesto, transmite conocimientos. Es una parte esencial de su función. Pero reducirla solo a eso es quedarse corto.

En el aula también se construyen muchas otras cosas: la confianza, la seguridad, la forma en que un niño se percibe a sí mismo. Y ahí el papel del docente es mucho más importante de lo que a veces pensamos.

Un comentario a tiempo, una mirada de apoyo, una explicación con paciencia cuando algo no sale… son pequeñas acciones que, acumuladas, tienen un impacto enorme. No siempre se ven en el momento, pero quedan.

Como señalaba Carl Rogers, el aprendizaje significativo ocurre cuando el alumno se siente comprendido y aceptado. Y eso no depende solo de lo que enseñamos, sino de cómo lo hacemos.

Los pequeños gestos que lo cambian todo

No hace falta hacer grandes cosas para dejar huella. De hecho, muchas veces ocurre justo al contrario.

Son los detalles cotidianos los que marcan la diferencia: llamar a un alumno por su nombre, detenerse un momento cuando alguien no entiende algo, valorar un esfuerzo aunque el resultado no sea perfecto o simplemente escuchar.

En ocasiones pensamos que para motivar o ayudar hay que hacer algo extraordinario, preparar una actividad especial o diseñar algo muy elaborado. Y, sin embargo, muchas veces lo que más impacto tiene es lo más sencillo.

Porque lo que el alumno percibe no es solo la actividad, sino la intención que hay detrás.

Lo que recordarán con el tiempo

Es difícil saber qué se va a quedar exactamente en cada alumno. Cada uno vive la escuela de una manera distinta.

Pero sí hay algo bastante claro: con el tiempo, lo que permanece no son tanto los contenidos como las experiencias. La sensación de haber sido tenido en cuenta, de haber aprendido en un entorno donde uno se sentía seguro, de haber encontrado a alguien que acompañaba en el proceso.

Y, curiosamente, creo que el objetivo nunca debería ser “dejar huella”. La huella no se busca directamente. Aparece sola cuando uno intenta hacer bien su trabajo y se preocupa de verdad por los alumnos, por cómo están, por cómo aprenden y por cómo viven su paso por la escuela.

A veces uno descubre eso muchos años después. Hace un tiempo publiqué en este mismo blog un recuerdo muy especial sobre el reencuentro con uno de mis maestros de Educación Primaria; mi querido y añorado Santiago de Hijés. Y precisamente lo que más me hizo pensar fue darme cuenta de que aquello que permanece no suele tener que ver con grandes discursos ni con momentos extraordinarios, sino con la forma en que determinadas personas nos hicieron sentir durante una etapa importante de nuestra vida. 

Quizá ahí esté una de las grandezas de esta profesión: en que muchas veces no somos conscientes de la huella que dejamos, precisamente porque estamos más centrados en acompañar y ayudar que en otra cosa.

Comparto aquí el enlace al artículo que publiqué sobre aquel bello reencuentro con Santiago de Hijés: https://artedesermaestro.blogspot.com/2014/11/un-bello-reencuentro.html

Para terminar

Ser docente implica muchas cosas: preparar clases, evaluar, organizar, atender a las familias… pero también implica algo menos visible y, a la vez, muy importante: la manera en que estamos con los alumnos.

Cada gesto, cada palabra, cada forma de intervenir va construyendo algo que muchas veces no se ve en el momento, pero que puede acompañarles durante mucho tiempo.

Y quizá ahí esté una de las partes más valiosas de esta profesión: en saber que, más allá de los contenidos, lo que hacemos cada día en el aula puede dejar una huella que permanece.

domingo, 26 de abril de 2026

Cómo empezar bien una clase desde el minuto uno

Niños escuchando

Hay algo que con el tiempo vas viendo claro, aunque al principio no le des tanta importancia: los primeros minutos de clase no son cualquier cosa… son media clase. Ahí se decide mucho más de lo que parece: el ambiente, la atención, el ritmo, incluso ese “respeto” que luego tanto cuesta mantener a lo largo del curso. Y, sin embargo, es fácil que esos minutos se nos escapen sin darnos cuenta. Entras, los niños se van sentando como pueden, empiezas a hablar mientras unos te escuchan y otros no, y cuando quieres reaccionar ya vas un poco a remolque. A todos nos ha pasado.

El equilibrio entre cercanía y autoridad

Aquí entra una de las cuestiones más delicadas, y hablo también desde lo personal: encontrar el equilibrio entre ser cercano y mantener la autoridad. Porque es verdad que los niños, sobre todo al principio de curso, llegan con cierta inseguridad, algunos incluso asustados, y a uno le sale de manera natural querer generar confianza, bromear, relajar el ambiente. Pero también es cierto que, si ese inicio es demasiado blando o poco definido, luego cuesta mucho más construir ese marco de respeto que necesitamos para trabajar bien. En el otro extremo, empezar demasiado serio o distante tampoco ayuda. Así que, al final, todo pasa por encontrar ese punto medio que no siempre es fácil, pero que sí se puede ir construyendo con intención.

Marcar bien el inicio: claridad y rutina

Empezar bien una clase no significa ponerse rígido ni imponer desde el primer segundo. Para mí tiene más que ver con algo más sencillo y, a la vez, más importante: que todo el grupo tenga claro que la clase ha empezado. Sin dudas, sin medias tintas. Hay pequeños gestos que ayudan mucho en esto y que, sin ser complicados, marcan la diferencia: recibir al alumnado en la puerta, mantener siempre la misma rutina de entrada, no comenzar hasta que haya un silencio real o utilizar alguna señal clara y reconocible —una frase, una cuenta atrás, un gesto— que indique ese inicio. No hace falta levantar la voz ni generar tensión, pero sí ser constante.

Uno de los errores más habituales, y en el que todos hemos caído alguna vez, es empezar “a medias”. Comenzar a explicar cuando todavía no están todos preparados, cuando algunos siguen hablando o buscando el material. Sin darte cuenta, ya has transmitido un mensaje que luego es difícil de corregir: que la clase puede empezar sin que todo el mundo esté. Y eso, a la larga, se paga.

En este sentido, las rutinas juegan un papel fundamental. A veces se perciben como algo rígido, pero en realidad aportan justo lo contrario: seguridad. Los alumnos saben qué tienen que hacer, cómo empieza la clase y qué se espera de ellos, y eso reduce la incertidumbre y mejora la atención. Además, también ayuda al propio docente, que no tiene que improvisar cada día ese momento inicial.

Cuando el inicio está bien cuidado, todo fluye mejor

Otra idea importante, que a mí personalmente me está ayudando a replantear muchas cosas, es entender que cercanía y autoridad no son opuestas. Puedes ser cercano, interesarte por ellos, sonreír o preguntar cómo están, y al mismo tiempo mantener una estructura clara y un inicio ordenado. Los alumnos perciben rápidamente si hay coherencia, si hay seguridad y si hay alguien que realmente está guiando el proceso. Como señalaba Lev Vygotsky, el aprendizaje es también un proceso social, y ese clima empieza a construirse desde el primer momento.

Cuando ese inicio está bien cuidado, todo lo demás suele ir más rodado. Hay menos interrupciones, la atención mejora, las explicaciones se aprovechan más y el ambiente general es más tranquilo. No es algo mágico, ni ocurre siempre igual, pero sí es una base que marca una diferencia importante en el día a día del aula.

Niños en clase 2

Para terminar, no se trata de tener más carácter o menos, ni de cambiar la forma de ser de cada uno. Cada docente tiene su estilo, y eso también es valioso. Pero sí merece la pena prestar atención a cómo empezamos las clases, porque en esos primeros minutos, que a veces parecen poca cosa, se está construyendo mucho más de lo que pensamos.

domingo, 1 de marzo de 2026

Presentación del blog "Romances para Aprender"

Hola a todos:

Como algunos sabéis, llevo tiempo trabajando en el proyecto "Romances para Aprender", y continuaré anunciando aquí cada vez que publique una nueva entrega, porque éste es el lugar adecuado para presentaros todos mis trabajos relacionados de una forma o de otra con la docencia, y con esta bella profesión que es la de ser Maestro. Ahora bien, una vez que el proyecto se ha ido afianzando, ya con la tercera entrega, creo que ha llegado el momento de darle un mayor protagonismo, con entidad propia y con la creación de un blog exclusivo para el proyecto...

Romances para Aprender
El blog ya lo he puesto en marcha y, como no podía ser de otra manera, se llama "Romances para Aprender". Pero claro, no es un blog al uso, en el que se vayan a escribir artículos de diferentes temáticas u opiniones, sino que se irá construyendo, muy poco a poco, con cada uno de los nuevos romances que vaya creando sobre temas y contenidos de Ciencias de la Naturaleza y Ciencias Sociales para Educación Primaria. No me voy a extender aquí mucho volviendo a hablar del proyecto con detalle, pero os dejo aquí un par de enlaces directos al blog... El primero os lleva a la última de las entregas que acabo de subir, dedicada en este caso a "Los Seres Vivos". Aquí lo tenéis:

https://romancesparaaprender.blogspot.com/

En el segundo enlace, podéis acceder directamente a una página que he creado dentro del blog, con un índice y una presentación del proyecto, donde explico detenidamente en qué consiste. Desde esta página del blog podréis navegar cómodamente de un capítulo a otro, como si de una web tradicional se tratara. Para ello, en la parte superior de cada post, habrá siempre un enlace al índice, que iré actualizando a medida que vaya subiendo nuevos romances. Lo podéis ver aquí:

https://romancesparaaprender.blogspot.com/p/indice-y-presentacion.html

Lo mejor de todo es que ni siquiera hace falta que entréis al blog a través de un enlace que yo os ponga, porque basta con que escribáis en un buscador su título (Romances para aprender), para que os aparezca probablemente en el primer lugar en la lista de resultados de vuestro navegador ;-)

Un cordial saludo y espero que os sea de utilidad.

jueves, 15 de enero de 2026

Hablar de la muerte con niños: educar también es acompañar en la pérdida


 A nuestro gatito Deri…
Durante catorce años fue parte de nuestra familia. Nos regaló compañía, ternura y una forma silenciosa de querernos. Este artículo nace también del dolor por su pérdida y del amor que dimos y recibimos junto a él.

Hablar de la muerte a los niños en la escuela —y en casa— no es fácil. A menudo la evitamos pensando que “ya llegará el momento”, que “son demasiado pequeños” o que “no es un tema adecuado”. Sin embargo, la muerte forma parte de la vida, y los niños, antes o después, se encuentran con ella, a veces demasiado bruscamente: la pérdida de un abuelo, de una mascota, de personas cuyo fallecimiento o enfermedad grave conocen a través de noticias que les llegan…

En el colegio, en las sesiones de “Medidas de Atención Educativa” o en cualquier otro momento que veamos conveniente, tenemos una oportunidad privilegiada para acompañar, poner palabras, normalizar emociones y ofrecer seguridad a los niños, ante un tema que puede llegar a ser traumático para ellos si les viene de repente, sin avisar, por el tabú que nos autoimponemos a la hora de abordarlo.

Este artículo pretende ser un recurso práctico y reflexivo para docentes y familias que quieran abordar este tema con niños de segundo y tercer ciclo de Educación Primaria, desde el respeto, la calma y la verdad.

Un punto de partida: la vida también se acaba

Siempre suele haber una "espoleta" o motivo para emprender algo, y en este caso ha sido una reciente situación personal la que me ha motivado a preparar ahora este artículo... Durante estas pasadas Navidades, en mi familia hemos vivido de cerca la fragilidad de la vida. Mi suegra, Victoria, con 95 años, ha pasado por momentos críticos en el hospital, y aunque con una fortaleza asombrosa se ha ido recuperando poco a poco, somos conscientes de que la cercanía del final es evidente.

Casi al mismo tiempo, hemos tenido que despedirnos de nuestro querido gatito, que llevaba con nosotros catorce años. Para nosotros, no era “solo una mascota”, sino un miembro más de la familia. Los que tenéis mascotas o habéis sufrido su pérdida, sabéis de qué estoy hablando… La enfermedad de nuestro Deri, su ingreso veterinario y la despedida final cuando falleció, han supuesto un golpe emocional muy fuerte, que sabemos que nos va a costar superar.

Es cierto que no todas las pérdidas son iguales, pero todas duelen, y todas generan preguntas en los niños.

¿Por qué hablar de la muerte con niños?

Principalmente, porque evitar el tema no les protege. Al contrario:

  • Los niños perciben el dolor, aunque no se les explique.
  • Si no encuentran respuestas, las inventan, y a menudo son más angustiantes.

-     Hablar de la muerte no provoca necesariamente tristeza, sino que ayuda a entenderla.

Educar sobre la muerte no es dramatizarla, sino integrarla como parte del ciclo vital, con un lenguaje adaptado a la edad de los niños.

Cómo suelen entender la muerte los niños de Educación Primaria

Entre los 7 y los 12 años, los niños comienzan a comprender:

  •     Que la muerte es irreversible.
  •     Que es universal (le ocurre a todos los seres vivos).
  •     Que tiene causas naturales (enfermedad, vejez).

Sin embargo, su mundo emocional aún está en construcción. Por eso pueden alternar momentos de tristeza con juego, risas o aparente indiferencia. Esto no significa que no les importe, sino que su forma de procesar el dolor es diferente a la de los adultos.

Claves para trabajar la muerte en el aula o en casa

1. Decir la verdad, con palabras sencillas

Evitar eufemismos como “se fue”, “se quedó dormido” o “nos dejó”, que pueden generar miedo o confusión. Mejor utilizar frases más honestas y didácticas como:

“Su cuerpo estaba muy enfermo y dejó de funcionar”.

2. Validar todas las emociones

No hay emociones correctas o incorrectas:

  •      Tristeza
  •      Rabia
  •      Miedo
  •      Silencio
Todas se pueden dar en estas situaciones, incluso de forma simultánea, y hay que comprenderlas para apoyar a quienes las sienten, sean adultos o niños.

Frases que pueden resultar útiles:

  • Es normal sentirse así”.
  • Cada persona vive la tristeza a su manera”.

3. No forzar, pero sí ofrecer espacios

Algunos niños querrán hablar, otros dibujar, otros no decir nada. Todas estas alternativas están bien y pueden ser las más adecuadas para ellos en ese momento, porque “no hay dos niños iguales”.

4. Transmitir seguridad

Especialmente cuando la pérdida afecta a alguien cercano:

  •     Explicar que la mayoría de las personas no se mueren de repente.
  •     Diferenciar enfermedad grave de pequeños malestares cotidianos.

La pérdida de una mascota: un duelo real

A veces se minimiza: “era solo un animal”. Para un niño, no lo es, como tampoco lo es para nosotros. Las mascotas:

  •     Acompañan rutinas.
  •     Escuchan sin juzgar.
  •     Representan seguridad y afecto.

Para un niño, una mascota es un vínculo real. Su pérdida suele ser el primer contacto con la muerte, y bien trabajada puede convertirse en un aprendizaje emocional profundo.

Actividades posibles:

  •     Escribir una carta de despedida.
  •     Hacer un dibujo o un pequeño ritual simbólico.
  •     Recordar momentos bonitos compartidos.

Propuestas de actividades educativas para Educación Primaria

🌱 1. El ciclo de la vida

Ver un vídeo corto sobre el ciclo vital (plantas, animales, personas) y dialogar después. Por ejemplo: “Ciclo de la vida de los seres vivos”:

🖍 2. Dibujar emociones

Pedir que dibujen “cómo se siente el corazón cuando alguien muere”. No nos tenemos que centrar en la “calidad” o técnica del dibujo, sino en el relato que los niños quieran transmitirnos con él.

🗣 3. Asamblea de preguntas

Establecer un momento y un espacio donde cualquier pregunta sea válida, incluso las que nos puedan incomodar a los adultos.

💻 4. Actividades interactivas

Usar herramientas digitales sencillas para:

  •  Relacionar emociones con situaciones. Por ejemplo:
    • Cuestionario: situaciones y emociones:
        


    • “El duelo y sus etapas” (Genially): Si lo ves en el móvil, ponlo en posición horizontal para poder leer el texto en un tamaño aceptable.


    • “El ciclo de la vida” (Genially):


  • Trabajar vocabulario emocional. Se puede hacer una tormenta de ideas y puesta en común, recopilando el vocabulario aportado por todos los niños, y el que les queramos proporcionar como apoyo, en caso de ser necesario.
  • Crear murales colaborativos de recuerdos. Podemos proponer a los niños la utilización de dibujos o fotografías genéricas o personales, contando siempre con el consentimiento paterno, tras haberles informado de la actividad.

Recursos audiovisuales recomendados

  • Películas:
    • Coco – Para trabajar la muerte desde la memoria, la familia y el recuerdo amoroso. Trailer:


    • Up (primeros minutos) – Ideal para hablar de la pérdida y el vínculo afectivo. Trailer:


    • Inside Out – Para comprender la tristeza como emoción necesaria. Trailer:


  • Otros enlaces a vídeos educativos (seleccionados para Primaria)
    (Conviene siempre visualizarlos previamente y elegir fragmentos)
    • El duelo para niños – Smile and Learn. 
Aprender a decir adiós y manejar la tristeza.

👉 Vídeo educativo para niños en el que aprenderán de manera clara y visual qué significa pasar por un duelo, cómo reconocer la tristeza por la pérdida de alguien o algo querido, y cómo manejar estas emociones de forma saludable. 

    •  Cuento animado “El árbol de los recuerdos”

Metáfora visual sobre el duelo y el recuerdo. Un libro para enseñarnos a comprender hechos tan importantes en la vida como la muerte o la ausencia de los seres queridos.

👉 Perfecto para diálogo posterior.

El papel del docente: no tenemos todas las respuestas 

Trabajar la muerte con niños no exige saberlo todo, sino estar disponible. A veces bastará con decir:

  •  No lo sé, pero podemos pensarlo juntos"... 
  •  “Entiendo que eso te preocupe"...

Educar también es acompañar en la vulnerabilidad, y mostrar que sentir dolor no nos rompe: nos humaniza.

Para terminar

Hablar de la muerte con niños no es una lección más del currículo, sino una lección de vida. Cuando lo hacemos desde el respeto, la verdad y el cariño, no les quitamos la infancia: les damos herramientas para vivirla con más conciencia y seguridad.

Porque educar no es solo enseñar a leer y escribir, también es ayudar a comprender, a sentir y a despedirse.

Saludos para todos.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Romances para aprender 2 - Los animales invertebrados

Hace tiempo presenté aquí la primera entrega de este Proyecto Educativo, en el que utilizando la métrica y composición del Romance tradicional, compartía una presentación con las principales características de los Animales Vertebrados. Una pequeña locura, de esas que me gusta hacer de vez en cuando, pero que considero muy interesante como recurso para generar distintos tipos de actividades en clase, que complementen la asimilación de algunos contenidos de Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. Como decía en los primeros versos del propio “Romance”, decidí comenzar con las Ciencias Naturales, y concretamente con los Animales Vertebrados. Pues bien, hoy presento esta segunda entrega, dedicada a los Animales Invertebrados.

Todo un reto

Efectivamente, este ha sido otro reto más a los que añadir a mi lista de experiencias y aventuras creativas, porque si resultó complejo (también divertido :-) meter las características de los vertebrados en versos octosílabos, aunque sean con rima asonante sólo en los versos pares, al hacerlo con los animales invertebrados, la complejidad del reto se iba a incrementar notablemente. Esto es debido a las palabras tan particulares y largas con las que nos encontramos al hablar de los animales invertebrados. Para mí, sin embargo, ha sido un aliciente más, aunque haya tardado tanto en encontrar el tiempo suficiente para ultimar la media docena de estrofas que aún tenía pendientes. 

Pues eso… El trabajo está hecho y vuelvo a incluir en este artículo el texto en tres formatos diferentes: la presentación en formato CANVA y en PDF descargable, y el “Romance” completo escrito en esta entrada directamente como texto. Aquí los tenéis:

A continuación tenéis el enlace con la presentación en PDF:

https://drive.google.com/file/d/1ReQ9LgE0KLNjkkVHQc3Jd5Ki7EtTTXy5/view?usp=sharing

Y aquí el texto completo:

Romance de los Invertebrados


Tras hablar de vertebrados
otro romance verás;
versará de INVERTEBRADOS
que son unos cuantos más.

Sin esqueleto por dentro,
ni columna vertebral,
son los seres más extraños
de todo el reino animal.

Unos tienen la piel dura,
otros con concha se cubren,
y algunos sin protección
su piel con nada recubren.

Ovíparos todos son
y en seis grupos se dividen:
artrópodos y moluscos,
que por todas partes viven…

Gusanos y equinodermos,
poríferos en el mar,
aunque algunos de agua dulce
también se han de observar.

aún queda un sexto grupo,
dividido en otros tres,
con anémonas, corales
y medusas por doquier.

Por MOLUSCOS comenzamos,
que acuáticos suelen ser,
y sean de agua o de tierra
muchos se pueden comer.

Tienen cuerpo musculoso,
blando como hecho de goma;
pueden tener una concha
por la que a veces se asoman.

Tres subgrupos de moluscos,
forman este grupo guay:
gasterópodos, bivalvos
y cefalópodos hay.

Bivalvo es el mejillón,
la almeja y el berberecho;
la ostra lo es con su perla
que protege con derecho.

Dos valvas forman su cocha,
que abrirlas y cerrar pueden,
para filtrar los nutrientes 
del agua donde se mueven.

Cefalópodo es el pulpo,
que ocho tentáculos tiene;
los del calamar son diez;
que dos más muy bien le vienen.

Tentáculos con ventosas
para agarrarse y andar;
y capturar animales
que les han de alimentar.

Cerebro desarrollado,
los cefalópodos tienen,
y un pico para comer 
con el que así se mantienen.

Algunos como la sepia
tienen una concha interna,
les sirve para flotar,
como una lancha moderna.

Gasterópodos veremos
para este grupo cerrar;
abundan los caracoles,
sean de tierra o de mar.

También los hay de agua dulce;
los hay por cualquier lugar.
plantas comen los de tierra;
algas, si en el agua están.

Tienen una concha externa
donde poderse amparar,
y algunos como las lapas
fijos a una roca están.

De tierra es la babosa
sin concha desnuda está;
como un caracol sin casa
su cuerpo deslizará.

Y después de los moluscos,
con los ARTRÓPODOS vamos,
que son los más numerosos
de entre los invertebrados.

Tienen cuerpo articulado,
dividido en varias partes,
al igual que sus patitas,
que saben mover con arte.

Su piel está endurecida
y muchos tienen antenas;
unos viven en el agua
y otros moran en la tierra.

Cuatro grupos encontramos,
no solo son los insectos;
hay arácnidos, crustáceos
y miriápodos pequeños.

El cuerpo de los insectos,
en tres partes se divide:
cabeza, tórax y abdomen;
algo que bien se percibe.

Seis patas son las que tienen,
al igual que dos antenas;
y varios como las moscas
con alas zumban y vuelan.

Algunos sociales son
y se agrupan por centenas;
hormigas en hormigueros
y abejas en sus colmenas.

Si de arácnidos hablamos,
de otra forma se componen;
se dividen en dos partes:
cefalotórax y abdomen.

Más siguen siendo complejos,
con este cefalotórax,
pues incluye otras dos partes,
como son cabeza y tórax.

Al igual que las arañas,
todos tienen ocho patas;
fíjate en los escorpiones,
cuéntalas en garrapatas.

Ahora crustáceos veremos;
qué muchos de ellos se comen,
y tienen las mismas partes:
cefalotórax y abdomen.

Dos antenas estos tienen,
y casi siempre diez patas,
y son pinzas dos de ellas,
que parecen abrelatas.

La gamba y el langostino,
acuáticos todos son,
el cangrejo y el percebe;
al igual que el camarón.

El último de este grupo,
miriápodos es llamado;
con su cabeza y su tronco
que lo tienen anillado.

Más de diez patas poseen;
dos antenas tienen todos;
famosa es la escolopendra,
conocida por su apodo...

Aun sin tener tantas patas,
su mote es el de ciempiés,
pero más exageramos
con otro que es el milpiés.

Tras los artrópodos vistos,
de un tercer grupo hablaremos;
son los llamados GUSANOS
que en el suelo a veces vemos.

Tienen el cuerpo alargado
y blando sin excepción;
su cuerpo anillos lo forman, 
unidos y en formación.

Gusano es la lombriz,
y bajo el suelo ella vive,
ayudando a enriquecerlo
para que en él se cultive.

Otros viven en el agua,
como el gusano marino,
que puedes ver por el fondo
si viajas en submarino.

Gusanos también lo son
lombrices intestinales,
igual que las sanguijuelas,
parásitos animales.

Vamos con un cuarto grupo;
PORÍFEROS son llamados,
que además de poros tienen
cuerpo irregular y blando.

Se alimentan de substancias
que desde el agua ellos filtran;
por los poros de su cuerpo,
toman lo que necesitan.

Poríferos son esponjas,
y en el agua sobreviven;
casi todos en el mar
fijos a rocas subsisten.

Y ahora los EQUINODERMOS
el quinto grupo completan,
con simetría radial
como ruedas de carreta.

Siempre viven en el mar,
como la estrella marina;
suele tener cinco brazos,
con los que nada y camina.

Una protección les cubre,
formada por piezas duras,
como el erizo de mar,
cubierto además por púas.

El sexto grupo es complejo,
pues tres subgrupos lo forman;
ANÉMONAS y MEDUSAS,
y CORALES lo conforman.

Anémonas y medusas
de cuerpo muy blando son,
pero los corales tienen
un duro caparazón.

En el agua todos viven,
y en mares de agua caliente
moran casi todos ellos,
pues les gusta especialmente.

Anémonas y corales
fijos a rocas están,
y no como las medusas
que van flotando en el mar.

Y aquí acaba este romance
que de invertebrados versa,
para aprender de otra forma,
más amena y más diversa.

Y nada más por hoy. Espero que os guste y os sea de utilidad

Saludos para todos.