Desde hace un tiempo hay algo que se repite una y otra vez en patios, excursiones, pasillos, calles e incluso viajes familiares: basta escuchar un “six” o un “seven” para que muchos niños reaccionen automáticamente haciendo el famoso gesto moviendo las manos, repitiendo la coletilla o intentando contagiarlo a los demás.
Lo hacen niños pequeños, alumnos mayores, adolescentes… y lo curioso es que ocurre prácticamente en cualquier sitio. Lo he visto en el colegio, en excursiones, por la calle, y también me consta que se hace fuera de España. Incluso hay turistas que juegan con ello y provocan graciosamente a los niños para que respondan entre risas con su ritual.
Y claro, llega un momento en que muchos docentes y familias nos hacemos la misma pregunta: ¿Qué hacemos con Six seven? Porque es evidente que estamos ante uno de esos fenómenos virales que se extienden a una velocidad enorme y que terminan formando parte del lenguaje cotidiano de muchísimos niños.
Un fenómeno completamente global
Quizá una de las cosas que más llama la atención es precisamente esa sensación de fenómeno mundial. Da igual el colegio, la ciudad o incluso el país. Los niños ven los mismos vídeos, repiten los mismos gestos y utilizan las mismas expresiones.
Internet ha cambiado completamente la velocidad con la que se expanden las modas infantiles. Antes también existían canciones repetitivas, frases que todos imitaban o pequeños juegos sin sentido aparente que acababan invadiendo las clases. La diferencia es que ahora todo se multiplica muchísimo más rápido gracias a plataformas como YouTube, Facebook, Instagram o TikTok.
Y eso explica por qué niños tan pequeños ya conocen perfectamente algo que empezó probablemente como una simple broma viral.
¿Por qué engancha tanto a los niños?
Aquí hay algo importante que conviene entender antes de reaccionar.
Muchas veces los niños no participan porque entiendan realmente el origen de la moda o porque les parezca especialmente brillante. Participan porque todos participan.
La repetición, el humor absurdo, la sensación de pertenecer al grupo y el hecho de compartir algo que “todo el mundo conoce” hace que este tipo de fenómenos enganchen muchísimo, especialmente en la infancia y en la adolescencia.
Y además hay otro detalle importante: provoca reacción inmediata. En cuanto alguien dice el número adecuado, otros responden automáticamente. Eso genera una especie de juego colectivo muy difícil de cortar de golpe.
Por eso creo que entender el fenómeno es importante. No para justificar cualquier comportamiento, sino para saber desde dónde debemos actuar.
Lo que sí hay que dejar claro en el colegio
Entender algo no significa permitirlo todo.
Y aquí creo que es importante hablar claro con los niños. Una cosa es que exista una moda viral y otra muy distinta que pueda interrumpir continuamente una clase o dificultar el trabajo diario en el aula.
Los docentes no podemos estar repitiendo explicaciones constantemente porque alguien active el “modo Six seven” cada pocos minutos. Hay momentos y espacios en los que simplemente no puede hacerse.
Pero también creo que la forma de transmitir eso importa mucho.
Si únicamente reaccionamos desde el enfado o la prohibición constante, muchas veces conseguimos el efecto contrario: que todavía les haga más gracia.
Por eso probablemente lo más útil sea combinar firmeza y cercanía. Explicarles que entendemos que les resulte divertido, pero que también tienen que aprender cuándo algo puede hacerse y cuándo no.
Y eso, en el fondo, también es educar.
¿Se puede reconducir hacia algo positivo?
Aquí es donde creo que puede aparecer algo interesante.
Porque, nos guste más o menos, la energía y el entusiasmo que generan estas tendencias son reales. Y quizá, en lugar de quedarnos únicamente en la queja, podemos intentar aprovechar parte de ese interés para transformarlo en algo creativo.
Al final, muchas modas infantiles nacen simplemente del juego, del humor y de las ganas de compartir algo con otros. Y eso puede reconducirse hacia actividades más interesantes:
- crear historias,
- inventar personajes,
- escribir pequeños relatos,
- grabar vídeos con sentido del humor,
- hacer dibujos,
- trabajar la creatividad,
- o incluso analizar cómo funcionan las propias tendencias virales.
Precisamente algo de eso estoy trabajando e intentando hacer con los alumnos de mi grupo de 3º de Educación Primaria, con un proyecto-relato que he titulado "Sixevencianos - Historias del planeta S7". Se trata de una historia que estamos creando semanalmente, capítulo a capítulo, en un blog aparte creado para la ocasión. Y digo "estamos", porque voy tanteando algunas posibilidades de la historia en mis conversaciones con ellos, e incluso he introducido a nuestra mascota de clase (y a la especie a la que supuestamente pertenece), como personajes importantes de la historia. Vamos construyendo así, poco a poco, un pequeño universo propio en el que, semana a semana, irán surgiendo nuevos personajes, situaciones y misterios que, de una u otra forma, estarán relacionados con este fenómeno que tanto llama la atención a los niños.
La idea no es alimentar simplemente la repetición constante de las palabras “Six seven”, sino utilizar ese interés que ya existe para llevarlo hacia algo mucho más creativo: la imaginación, el humor, la lectura y las ganas de seguir una historia.
Poco a poco, irán apareciendo nuevos personajes, nuevos lugares y nuevas situaciones con las que intentaré sorprender a los niños y hacer que esperen con ilusión el siguiente capítulo. Y eso, en el fondo, era uno de los grandes objetivos: conseguir que tengan ganas de leer, de comentar la historia, de imaginar qué ocurrirá después y de participar de alguna manera en esa aventura.
De hecho, para quienes tengan curiosidad, aquí podéis encontrar el índice de capítulos del proyecto y ver cómo se está desarrollando esta experiencia paso a paso.
https://sixseven-sixsevencianos.blogspot.com/p/s7-indice-de-capitulos.html
Creo firmemente que en este tipo de iniciativas puede estar una de las claves educativas más interesantes: no limitarnos únicamente a combatir ciertas tendencias virales, sino intentar transformarlas en oportunidades para crear algo positivo a partir de ellas.
Y, por supuesto, ésta es solo una idea entre muchas posibles. Cada docente, cada familia o cada educador puede intentar reconducir este tipo de fenómenos hacia actividades distintas: historias, dibujos, teatro, humor, escritura, retos creativos o cualquier propuesta que ayude a convertir una simple moda pasajera en una experiencia más rica y motivadora.
Algunas ideas para las familias
Para muchas familias, este tipo de fenómenos pueden resultar desconcertantes. A veces incluso agotadores.
Y es normal.
Pero quizá conviene evitar dos extremos: pensar que no pasa nada nunca o convertirlo en una guerra constante.
Probablemente lo más útil sea observar, preguntar y entender primero qué les hace tanta gracia. Hablar con naturalidad, poner límites cuando haga falta y, sobre todo, no perder la conexión con ellos por algo que, seguramente, será pasajero.
También puede ayudar ofrecer alternativas:
- actividades creativas,
- deporte,
- lectura,
- humor compartido,
- juegos,
- proyectos familiares,
- o simplemente espacios donde puedan expresarse de otra manera.
Porque cuanto más rica y variada es la vida de un niño, menos necesidad tiene de quedarse atrapado únicamente en una moda viral.
Por cierto, es importante mencionar en este apartado, que en mi caso y para la marcha adecuada del proyecto "Sixevencianos", cuento con la colaboración de las familias de mis alumnos, pues especialmente con niños pequeños, son las familias las que deben gestionar los tiempos y actividades de sus hijos en las distintas plataformas digitales. Además, precisamente, una de las sugerencia que he visto interesante hacerles, es la de que los niños les lean a ellos en alto los capítulos de la historia, compartiendo así más estrechamente esta pequeña aventura.
Para terminar
Las modas infantiles siempre han existido. Cambian los nombres, cambian las plataformas y cambia la velocidad con la que se expanden, pero el fenómeno de fondo no es nuevo.
Quizá lo importante no sea intentar borrar completamente estas tendencias, algo prácticamente imposible hoy en día, sino ayudar a los niños a convivir con ellas de una manera equilibrada, respetuosa y creativa.
Y sobre todo, recordar algo importante: detrás de cada “Six seven” sigue habiendo niños que necesitan jugar, compartir, sentirse parte del grupo y encontrar espacios donde canalizar toda esa energía.
Ahí es donde familias y escuela seguimos teniendo mucho que aportar.


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