viernes, 22 de mayo de 2026

El valor de aburrirse

Vivimos en una época en la que parece que los niños tienen que estar continuamente estimulados. Pantallas, vídeos, actividades, música, juegos, notificaciones, dibujos animados, aplicaciones… Siempre hay algo ocupando el siguiente minuto.

Y, sin embargo, cada vez tengo más la sensación de que quizá estamos dejando menos espacio para algo muy importante: el aburrimiento.

No hablo de un aburrimiento triste o permanente, sino de esos momentos en los que aparentemente no ocurre nada y la mente empieza a buscar qué hacer por sí sola.

El pedagogo Francesco Tonucci ha defendido muchas veces la importancia de que los niños tengan tiempo libre real, espacios donde puedan imaginar, experimentar y crear sin que todo esté organizado constantemente por los adultos.

Y quizá ahí haya algo importante en lo que merece la pena detenerse.

Niño dibujando

Cuando no pasaba nada… empezaban a pasar cosas

Cuando yo era niño, había muchos momentos en los que simplemente me aburría. Y precisamente ahí empezaban a aparecer cosas que, sin darme cuenta, terminaron siendo importantes para mí.

A veces me inventaba historias de ciencia ficción o fantasía que luego contaba a mis amigos. Otras veces cogía un papel y empezaba a dibujar casi sin pensar demasiado. Garabatos, formas extrañas, personajes, paisajes… dibujos que iban creciendo poco a poco hasta llenar la hoja entera...

Rosa

Recuerdo también muchas vacaciones en las que, mientras los demás niños jugaban o hacían otras actividades, yo me apartaba un rato para quedarme mirando un paisaje, un árbol o cualquier detalle que me llamara la atención y me ponía a dibujarlo o a pintarlo.

En aquel momento probablemente parecía simplemente una forma de entretenerme. Pero con el tiempo me doy cuenta de que todo aquello también estaba construyendo algo importante: mi forma de mirar, de imaginar y de expresarme.

Y quizá no sea casualidad que años después terminara estudiando Bellas Artes.

Boceto árbol

Las buenas historias también nacen del aburrimiento

Creo que muchas veces la creatividad necesita precisamente eso: espacio.

Espacio para pensar, para imaginar, para probar cosas o incluso para no hacer nada durante un rato.

Las historias que inventaba de pequeño probablemente no eran muy distintas, en el fondo, de las aventuras y mundos imaginarios que ahora sigo creando de otra manera. De hecho, mientras escribo los capítulos de S7 y los Sixevencianos, o trabajo en los versos del proyecto "Romances para aprender", muchas veces pienso que esa parte imaginativa sigue naciendo exactamente del mismo lugar.

Porque la imaginación rara vez aparece cuando todo el tiempo está ocupado por estímulos rápidos y continuos.

Necesita pausas.

Necesita silencio.

Necesita momentos vacíos donde las ideas puedan empezar a moverse.

El problema de no dejar espacio al vacío

Hoy muchos niños tienen acceso continuo a entretenimiento inmediato. Y eso tiene ventajas, por supuesto. Pero también puede hacer que les cueste cada vez más tolerar esos pequeños momentos en los que no pasa nada.

En cuanto aparece el aburrimiento, muchas veces la reacción automática es buscar rápidamente otra pantalla, otro vídeo o otro estímulo nuevo.

Y quizá ahí estemos perdiendo algo importante.

Porque aburrirse un poco no siempre es negativo. A veces es precisamente el comienzo de otra cosa: una idea, un dibujo, una historia, una construcción, un juego inventado o una conversación inesperada.

No se trata de eliminar la tecnología ni de idealizar otras épocas. Se trata simplemente de recordar que la mente también necesita momentos de pausa para crear.

Juego de construcciones

Aburrirse no siempre es perder el tiempo

Con el tiempo creo que he entendido algo importante: muchas de las cosas que más marcaron mi creatividad nacieron precisamente en momentos en los que aparentemente no estaba ocurriendo nada especial.

Y quizá por eso me parece importante que los niños sigan teniendo también espacios para aburrirse un poco, para pensar, para inventar y para descubrir intereses propios sin que todo venga ya dado constantemente desde fuera.

Porque a veces, cuando parece que no está pasando nada…

es exactamente cuando empiezan a pasar las cosas más importantes.

Mi homenaje a Goya

No hay comentarios:

Publicar un comentario